Del kilimanjaro al Aconcagua: la historia de un grupo de mujeres que no tiene techo

Dic 22, 2018 by pato Category: Sin categorizar 0 comments

Por Roxana Badaloni para Clarín.com | Juntas subieron la montaña más alta de África. Con poca experiencia pero muchas ganas, alcanzaron la cima. Van por más.

El ovillo de lana aguamarina rueda por los cerros de la precordillera mendocina. Pasa de mano en mano y alimenta el juego de 23 mujeres que entrelazan sus deseos para el año que vendrá. Tejen una nueva forma de vida: unidas las mujeres se animan a más.

En el año en que ellas vencieron el miedo y alzaron la voz frente a la violencia y la opresión. El año de la empatía, de la sororidad y del “Viva nos queremos”. De la viralización de voces que gritaron: “Yo sí te creo. Mira cómo nos ponemos. Te abrazo y nos empoderamos”. El año en el que los concursos de bellezas y los reinados de fiestas provinciales debieron aggiornarse a nuevos tiempos y en algunos casos, tuvieron que desaparecer. El mismo tiempo en que salieron a la calle con sus pañuelos verdes y naranjas, y planearon romper el techo de cristal para que no sea imposible que una mujer acceda a posiciones de poder. En esa sintonía, un grupo de mujeres buscó una meta cerca de las nubes. Escalaron la montaña más alta de África, el monte Kilimanjaro, a 5.895 metros de altura y están listas para emprender nuevos desafíos, como alcanzar la cima del Aconcagua (6.962 metros) y recorrer los Andes bolivianos con escaladoras indígenas, siempre unidas.

Mujeres a la cumbre, este colectivo que deja de lado la rutina, nació en 2018 como una necesidad de encuentro con otras mujeres en un viaje espiritual y en contacto con la naturaleza. “Queremos ayudar a estas madres, esposas, trabajadoras, para empoderarlas y que vivan sus sueños”, dice Belén Escudero, instructora de trekking, madre de cuatro chicos y a cargo de la logística de los viajes.

La primera travesía internacional fue la escalada del Kilimanjaro, en Tanzania. El equipo “Mujeres al Kili” fue armándose de boca en boca y a través de las redes sociales. “La convocatoria fue a escaladoras argentinas, pero al final se sumaron muchas otras mujeres de Europa y Latinoamérica que nunca habían intentado un cerro por encima de los 4.000 metros”, dice la guía de montaña Popy Spagnuoli, nacida en Bahía Blanca y radicada en Mendoza. El equipo se completa con la belga Anne France, alias Fafa, una especie de guía espiritual, quien dirige los momentos de meditación y relajación para disfrutar de la inmensidad del paisaje de montaña.

El 22 de octubre consiguieron hacer cumbre. Después de una semana de caminata por la selva de Tanzania, con algunas complicaciones por el viento y el frío extremo, 20 de las 23 mujeres alcanzaron la cima del Kilimanjaro. Fue decisión personal de las únicas tres que no terminaron el ascenso. “Cada una supo hasta donde podía continuar, respetamos esa decisión más allá de que las acompañábamos técnica y psicológicamente a todas para que no abandonaran. Fu un grupo muy unido”, explica Popy.

La expedición fue contándose en un diario de viaje a través de las redes de Mujeres a la cumbre en Facebook e Instagram. “Elegimos la ruta Machame para realizar el ascenso al monte Kilimanjaro. Es una ruta normal que no requiere de experiencia o conocimientos técnicos previos. Machame es la segunda ruta más utilizada para alcanzar la cima del Kilimanjaro y está considerada como uno de los recorridos más hermosos. Pertenece al circuito de las SevenSummits”, escribieron en el cuarto día de travesía. Y llegaron los días más duros, previos a la cumbre: “Caminamos, nos aclimatamos, ascendimos y continuamos el viaje hacia el Kilimanjaro. La travesía se compone de paisajes maravillosos, campamentos preparados para nuestro descanso y la gran compañía de guías y porteadores locales. Estamos juntas y hoy, 22 de octubre, queremos alcanzar la cumbre. Listas para tocar el techo del continente africano”.

Fue angustiante la espera para los hijos, maridos, amigos y demás familiares que desde Argentina esperaban el posteo, que por fin llegó: «¡Cumplimos nuestro sueño de conquistar el Kilimanjaro! La alegría nos desborda y poner los pies en el techo de África fue emocionante, lloramos y nos abrazamos».

El domingo pasado, parte del grupo volvió a reunirse y sumó a otras mujeres en búsqueda de nuevos desafíos. “Estaba con abstinencia de montaña”, confiesa la comunicadora Marcela Sabatini, que esta vez convenció a su amiga Virginia Redondo para sumarse a la aventura. Las mujeres volvieron a tejer sus sueños y declamar sus intenciones: “Mi propósito es que esta experiencia conjunta, les permita sacar su mejor versión como persona”, sugirió Fafa. El ovillo volvió a girar y la posta la tomó Tuti, que tiene tres hijas y tres nietos, con su propósito de “andar nuevos caminos” y coincidir con el deseo de otras mujeres que abogan por la “igualdad de derechos y oportunidades”. Para Valentina, además del encuentro de mujeres, este nuevo ascenso fue un desafío para saber si estaba en condiciones de “retomar la pasión por el andinismo”, después de haber dejado el deporte por la maternidad. “Desde ya sepan que pueden, no teman”, retrucó Marcela Otarola, entusiasta y la pediatra del grupo. Y llegó el cierre de Carola, mamá de dos varones, con una reflexión: “No somos extremistas de nada, ni estamos en contra de los varones. Abrimos las puertas de lo que nos hace bien a otras mujeres”.

El día en la localidad cordillerana de El Salto, a 80 kilómetros de la capital mendocina, se presentó a pleno sol y con una brisa agradable. La caminata de 4 horas por un sendero al cerro el Castaño (2.900 metros de altura), fue pura fiesta, con anécdotas de los días húmedos en el Kilimanjaro y el cierre del viaje en un zafari, A la escalda en Potrerillos, se sumaron mujeres de México e Inglaterra y la intérprete de música lationamericana Sandra Amaya, que llevó a la cima del cerro su armonioso canto al ritmo de instrumentos andinos. Las mujeres volvieron a formar la ronda, bailaron y cantaron los versos de Amaya:

«Mujeres del mundo no se desesperen, busquen su destino, alcen bien sus frentes, desanden caminos que las confundieron, recorran senderos de colores nuevos, vuelquen lo que saben en cántaros de vida y renazcan siempre con sabiduría.

Mujeres de leche, mujeres nativas, mujeres del llano, mujeres andinas, jóvenes, adultas, abuelas y niñas, fuerza es lo que sobra, si estamos unidas.

Caminen erguidas, así las escuchan, no bajen las manos, sigan con la lucha, suenen bien sus voces, digan lo que piensan, mujeres del mundo, griten su presencia. Soy mujer andina, soy mujer cantora, me sumo al esfuerzo, mujeres de ahora.

Mujeres de leche, mujeres nativas, mujeres del llano, mujeres andinas, jóvenes, adultas, abuelas y niñas, fuerza es lo que sobra si estamos unidas».

Fuente: Clarín.com https://www.clarin.com/sociedad/kilimanjaro-aconcagua-historia-grupo-mujeres-techo_0_uGufMqbPk.html

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